
El Complejo Administrativo de San Caetano ha crecido durante décadas mediante ampliaciones sucesivas que fueron fragmentando lo que en origen era un conjunto compacto y legible. El resultado de este proceso es un patio central ajardinado, salpicado de patios menores que iluminan de forma insuficiente los espacios semienterrados del zócalo, y una trama de comunicaciones que impide entender el conjunto como una única pieza coherente.
La creación de este nuevo edificio, junto con las actuaciones propuestas sobre los edificios existentes, permitirá una reorganización integral de los espacios de trabajo y una redefinición completa de las circulaciones y la accesibilidad. El edificio aportará una nueva imagen institucional.
Se crean dos nuevos ejes transversales concebidos como bulevares interiores y exteriores, que atraviesan el zócalo y reorganizan los desplazamientos. Para abrirlos, se concentran las demoliciones en puntos precisos del semisótano, transformando la acumulación de los pequeños patios en tres vacíos de mayor dimensión.
Estos nuevos atrios introducen luz y permiten la ventilación cruzada en las plantas inferiores, mientras los bulevares conectan el acceso posterior con la fachada principal y prolongan sus recorridos mediante escalinatas hacia el jardín de planta baja. Bajo el volumen elevado aparecen tramos cubiertos de doble altura; en otros puntos, el cielo queda abierto. La circulación deja así de ser un corredor residual y adquiere la condición de espacio colectivo y de relación.
A partir de estos ejes se construye una trama ortogonal de recorridos horizontales, núcleos verticales y pasarelas. Los nuevos núcleos se agrupan en torno a los atrios, formando secuencias reconocibles, iluminadas y accesibles. Esto permite separar los itinerarios públicos, internos o restringidos sin perder la lectura unitaria del conjunto.
La sección transforma el antiguo espacio central en una superposición de jardines y lugares de trabajo. En el semisótano, los bulevares, los patios ampliados y las oficinas recuperadas conforman un zócalo habitable, abierto a la luz y a la ventilación natural. Sobre él, la planta baja mantiene libres los cruces transversales y alterna ámbitos ajardinados cubiertos con recintos destinados a guardería, salas polivalentes, exposición y cafetería. La planta superior se organiza como una banda de oficinas flexible, interrumpida por vacíos y espacios al aire libre. Finalmente, la cubierta restituye el jardín ocupado por la ampliación y lo convierte en una terraza transitable, con áreas de estancia y un graderío abierto hacia las vistas de la ciudad.
La construcción busca compatibilizar ligereza, rapidez de montaje y capacidad de transformación. Sobre la estructura existente se dispone un entramado metálico y forjados prefabricados que reducen el número de apoyos y liberan la planta. Las pasarelas se resuelven como elementos livianos para enlazar las piezas más representativas. La envolvente acristalada se protege mediante una segunda piel de lamas verticales de madera, fija o móvil según la orientación. En el interior se evitan falsos techos y revestimientos superfluos, favoreciendo acabados naturales y de mantenimiento sencillo.
El comportamiento ambiental se deriva de esta relación entre forma, envolvente y sistemas. La protección solar, la ventilación con recuperación de calor, la regulación de los sistemas según la ocupación y la iluminación de bajo consumo reducen la demanda energética. Las cubiertas vegetales mejoran el aislamiento y amortiguan el calentamiento estival, mientras los paneles fotovoltaicos se concentran en áreas técnicas integradas en el perfil superior. La instalación combina la central térmica de biomasa existente con captación geotérmica para atender las necesidades de calor y frío. El agua de lluvia se recoge en aljibes y se reutiliza para el riego y las cisternas, cerrando parte del ciclo hídrico dentro del recinto.
La nueva pieza podrá construirse por fases manteniendo la actividad, pero su sentido último reside en reorganizar las relaciones con lo existente: conecta construcciones antes separadas, convierte patios residuales en vacíos habitables, devuelve luz a las plantas profundas y transforma el jardín central en una secuencia vertical de ámbitos colectivos.
San Caetano dispone así de una estructura más clara, accesible y adaptable, capaz de prolongar la vida del conjunto mediante una nueva lectura arquitectónica.







